Artículos más leídos

martes, 2 de septiembre de 2014

Años atrás (y aún hoy) pensaríamos definir a un estudiante inteligente por sus habilidades matemáticas o lingüísticas. Hoy, gracias al trabajo de Howard Gardner tenemos que replantearnos la cuestión.

¿Por qué razón llamar inteligentes a las personas hábiles con los número o las letras, y únicamente llamar talentoso a un virtuoso en música? La educación tradicional mide a un estudiante en sólo un par de aspectos, cuando la realidad parece mostrar que existen muchos tipos de inteligencia.

Está claro que medir a una persona sólo por sus destrezas matemática-lingüística funcionaba en tiempos en que el industrialismo emergía como tal. La demanda de administradores, conocedores de mecánica, mercadeo, contabilidad y todo aquello necesario en la industria, hacía que los colegios basaran sus enfoques educativos en formar "profesionales de situación" para abastecer el amplio mercado industrial.

Sin embargo, ¿debe ser así en nuestros días, en que sufrimos una transición hacia lo digital? No. Ya no es suficiente con llenar las mentes juveniles de teorías y pensamientos sin desarrollar en ellos la capacidad innata de razonar, cuestionar, inquirir y sobre todo, ofrecer soluciones a situaciones problemáticas de carácter universal. No podemos seguir idealizando una forma de educación basada en el "qué" y no en el "cómo" y hasta el "por qué" de las cosas.

Hace tiempo ya, que la humanidad abandonó la edad media en que la "verdad" como tal era privilegio de unos cuantos iluminados. Hoy, la juventud debe ser incentivada al espíritu crítico en materia intelectual, a la duda de lo que se les enseña, a la investigación de lo que desconocen. Ellos deben saber pensar y tener respeto por sus propias ideas, no por ser correctas o no, sino por ser originales. "Sólo seré un buen maestro, cuando enseñe a mis estudiantes a dudar de lo que les enseño".

- Copyright © Consulta Universitaria - Diseñado por Kebby Rodríguez Gutiérrez -