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lunes, 1 de septiembre de 2014
Hace poco más de un año me interesé en el estudio de la Nanotecnología porque ofrecía un sinnúmero de posibilidades para el desarrollo de la humanidad. No sólo por su eficacia, también porque supone un gran avance en materia científica tecnológica.
La tecnología debe hacer que la vida se simplifique aún más, para que el aprovechamiento del tiempo sea mayor. Aún recuerdo las historias que me contaba mamá cuando ella estudiaba "periodismo" en Lima. El dolor de cabeza que suponía para todos hacer un trabajo de investigación, tomar las citas en algunos papeles acartonados, escribir las largas líneas a mano para llegar a casa y volver a la máquina de escribir.
No se podían hacer fotografías instantáneas de un libro en algún celular para llevarlo consigo y "ganar" algo de tiempo. Ni qué decir de la fotocopiadoras, su ausencia complicaba aún más la labor.
Quienes nacimos en los últimos diez años tendemos a pensar que las fotocopiadoras, los celulares, las laptops existieron desde siempre y no podemos imaginarnos un mundo sin ellos. Somos nativos informáticos y acaso las siguientes generaciones puedan disfrutar desde pequeños de los ordenadores cuánticos y la nanotecnología.
Todo avance tecnológico a su vez siempre será, para quienes defendemos los límites morales a que debe atenerse el ser humano, un dilema. Crecerá la tecnología y con ella también nuevas formas de ocio y frivolidad. Ejemplos de ellos son las adicciones a los vídeo juegos, cada vez más potentes y con mejores gráficas en un mundo abierto "sin límites" donde cada uno pueda crearse un ávatar y "hacerse un nombre". La industria de la pornografía en aumento, los programas de televisión sin sustancia que estupidizan al televidente abiertamente pululando por la web (si es que no se inventa una forma de internet superior), las redes sociales en las cuales los jóvenes suben sus fotografías y comparten sus intimidades sin reparos, etc.
Todo nuevo progreso humano conlleva responsabilidad, asumir el compromiso de que la nanotecnología sea una bendición y no todo lo contrario, dependerá de cada uno.
La tecnología debe hacer que la vida se simplifique aún más, para que el aprovechamiento del tiempo sea mayor. Aún recuerdo las historias que me contaba mamá cuando ella estudiaba "periodismo" en Lima. El dolor de cabeza que suponía para todos hacer un trabajo de investigación, tomar las citas en algunos papeles acartonados, escribir las largas líneas a mano para llegar a casa y volver a la máquina de escribir.
No se podían hacer fotografías instantáneas de un libro en algún celular para llevarlo consigo y "ganar" algo de tiempo. Ni qué decir de la fotocopiadoras, su ausencia complicaba aún más la labor.
Quienes nacimos en los últimos diez años tendemos a pensar que las fotocopiadoras, los celulares, las laptops existieron desde siempre y no podemos imaginarnos un mundo sin ellos. Somos nativos informáticos y acaso las siguientes generaciones puedan disfrutar desde pequeños de los ordenadores cuánticos y la nanotecnología.
Todo avance tecnológico a su vez siempre será, para quienes defendemos los límites morales a que debe atenerse el ser humano, un dilema. Crecerá la tecnología y con ella también nuevas formas de ocio y frivolidad. Ejemplos de ellos son las adicciones a los vídeo juegos, cada vez más potentes y con mejores gráficas en un mundo abierto "sin límites" donde cada uno pueda crearse un ávatar y "hacerse un nombre". La industria de la pornografía en aumento, los programas de televisión sin sustancia que estupidizan al televidente abiertamente pululando por la web (si es que no se inventa una forma de internet superior), las redes sociales en las cuales los jóvenes suben sus fotografías y comparten sus intimidades sin reparos, etc.
Todo nuevo progreso humano conlleva responsabilidad, asumir el compromiso de que la nanotecnología sea una bendición y no todo lo contrario, dependerá de cada uno.
